Fotografía de Pallarés tomada del libro Museo de Zaragoza. 150 años de historia (1848-1998)

Joaquín PALLARÉS  ALLUSTANTE (Zaragoza, 5 de marzo de 1853-17 de mayo de 1935) fue un pintor aragonés que alcanzó enorme éxito comercial con las pinturas  de vistas urbanas de París y los casacones dieciochescos.

Bautizado en la zaragozana parroquia de la Magdalena,  se le impusieron los nombres de Eusebio Joaquín. Fue alumno del Instituto de Zaragoza (actual Goya), que ocupaba un ala del edificio de la antigua universidad,  situada en la plaza de la Magdalena. En este centro inició los estudios de bachillerato  en el curso 1865-1866 y continuó matriculado durante los tres cursos siguientes. Pero en el 1869-1870 trasladó la matrícula al Instituto San Isidro de Madrid, para regresar  en  el curso 1870-1871 al Instituto de Zaragoza, donde terminó  el bachillerato y, en junio de 1871, realizó el examen de grado para obtener el título de bachillerato en artes. Según consta en el expediente conservado en el centro, el día 15 se examinó de las asignaturas correspondientes a la sección de letras, ante un tribunal formado por  los profesores Mariano de Ena y Villava (entonces director del centro), Antonio Abadía y Santos Pina. Al día siguiente, fue examinado de las materias correspondientes al segundo ejercicio por un tribunal presidido por el profesor Ballarín. En ambos ejercicios  obtuvo la calificación de aprobado.

Joaquín Pallarés.Colección Privada.(De Juberías, 2020)

Como pintor, inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza para pasar después a la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid, dependiente de la Academia de San Fernando, donde estuvo matriculado a partir 1871.  En  Madrid tuvo como maestros a los pintores Vicente Palmaroli —seguidor del estilo de Fortuny, caracterizado por el luminoso colorido y las delicadas pinceladas— y al zaragozano Pablo Gonzalvo Pérez,  profesor de Perspectiva y amigo de José Martí. El primero había tenido ocasión de conocer  el estilo de Fortuny —que triunfaba en ese momento— en la capital francesa, adonde tuvo que exiliarse, tras la proclamación de la Primera República  en febrero de 1871,  por su apoyo a Amadeo I. A su regreso a España lo transmitió a sus discípulos, entre ellos, a Joaquín Pallarés, a quien probablemente animaría a marchar también a París, entonces centro de la vida cultural y del comercio artístico.

Guillermo Juberías cree que  Pallarés hizo sus primeros viajes a París entre   1875 y 1877   ya que  en 1875 dejó de tener calificaciones en las asignaturas   de las que se había matriculado en la escuela madrileña, además de que ese mismo año firma en la capital francesa  La carta interceptada y cada uno de esos tres años se subastó una obra suya en esa ciudad. Supone, no obstante, que el pintor pasaba temporadas en España pues en 1878 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes, en cuyo catálogo figura como dirección del artista la calle Alcalá, 17 de Madrid.

¡Abandonados! 1881. Óleo sobre lienzo, 165 x 208 cm. Fotografía de: museodelprado.es

Continuó su formación en Roma, ciudad a la que viajó en   1879, como acredita una carta de Francisco Pradilla descubierta por García Guatas. En 1880 se subasta en Roma un cuadro suyo de temática orientalista y ‘La Ilustración Española y Americana’ reproduce una serie de vistas suyas de la ciudad. Según Castán Palomar, allí pintó el San Jerónimo del presbiterio de la ermita de la Virgen de la Fuente de Muel (Zaragoza). También firmó en Roma el cuadro de género Abandonados, que en 1881 envió a la Exposición Nacional de Bellas Artes. La pintura, que representa a dos hermanos abandonados a las puertas de un  suntuoso edificio, fue  adquirida por el  Museo del Prado y entregada en depósito al Instituto General y Técnico de Zaragoza en el curso 1908-1909 —según consta en la memoria redactada por el secretario del centro, don Agustín Catalán—, razón por la cual se conserva actualmente en el IES Goya de Zaragoza. En 1881  Pallarés   solicitó, sin éxito,  a la Diputación de Zaragoza  que se le concediese una pensión para continuar su estancia en Roma a cambio de la entrega de dos pinturas (García Guatas). Durante este tiempo mantuvo el contacto con París, donde en 1883 participó en una subasta con una obra de temática orientalista. En 1884  expuso una de sus pinturas en la prestigiosa Sala Parés de Barcelona y participó en la Exposición Aragonesa de 1885, en la que resultó premiado con medalla de primera clase.

El renombre alcanzado en estos años le permitió regresar a Zaragoza. La prensa zaragozana se hizo eco en agosto de 1885 de su nombramiento como profesor   de la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza. A partir de 1886 se instala en su ciudad natal, donde permanecerá hasta 1897 trabajando como profesor de Dibujo del Antiguo y  conservador del Museo Provincial (1888-1893). En esta nueva etapa participa en el proyecto colectivo de decoración del Casino Principal de la ciudad con un lienzo que trata de imitar un tapiz de Goya.

La carta interceptada, 1875. Óleo sobre tabla, 37 x 45 cm. Colección privada. (De Juberías, 2020)

Sin embargo, en 1897 renunció a sus cargos en Zaragoza para regresar a París, donde vivió hasta 1906 disfrutando del éxito comercial que le proporcionaba  su presencia en exposiciones y casas de subastas, así como su trabajo para el marchante Adolphe Goupil. Para la Maison Goupil debió de realizar una obra muy abundante que le produjo saneados ingresos, puesto que en 1901 residía en una de las zonas más lujosas de la capital francesa. Durante sus estancias en  París supo adaptar su producción a los gustos de la sociedad burguesa, que demandaba constantemente obras  para decorar sus  residencias. Pintó escenas de tipo Pompadour, como La carta interceptada, en la que aborda el tema del galanteo a través de las cartas. Son recargadas composiciones inspiradas en el Rococó francés, con personajes ricamente vestidos en interiores lujosos. Se trata de sus famosas “escenas de casacón”, denominadas así por los lujosos casacones que visten los personajes.   Produjo, además, numerosas vistas parisinas —en las que los expertos aprecian cierta influencia de los impresionistas—, con calles mojadas y cielos nublados, “exagerando los efectos atmosféricos y el movimiento de la ciudad” por medio de “una pincelada briosa y de marcados contrastes cromáticos y lumínicos”, como señala G. Juberías.

Hacia 1906 vuelve a España, pero se instala en Barcelona, donde, además de pintar, imparte clases en su residencia-estudio de la Rambla. Contó  entre sus alumnos con el turiasonense Cayo Albericio, que se proponía ser escenógrafo y con cuya familia trabó una estrecha relación. En 1916 participó en Zaragoza en la importante exposición “Zuloaga y los artistas aragoneses”, que pretendía ser un estímulo para la formación de una Escuela pictórica aragonesa que enlazara con Goya, según García Guatas. En Barcelona reside hasta comienzos de la década de los veinte, cuando regresa definitivamente a su ciudad natal. Sus últimos años los pasa entre Zaragoza y Tarazona, por su amistad con los Albericio. Para el teatro Bellas Artes de esta ciudad proyecta  un telón de boca de unos sesenta metros (cuyo boceto firma en Barcelona en 1920) con una pintoresca vista de Tarazona desde el sur. Para su realización en 1921, cuando ya tenía 67 años, recurrió a la ayuda de su discípulo Cayo Albericio.

El dios de las aguas. (Hispanopedia)

Joaquín Pallarés cultivó todos los géneros y formatos, desde las grandes composiciones religiosas o decorativas —como el gran lienzo  del Martirio y glorificación de Santa Engracia y sus dieciocho compañeros (1897) para la bóveda de esta iglesia zaragozana o el plafón del teatro Principal de Zaragoza— hasta los cuadros de pequeño formato que siguen el modelo de ‘tableautin’ (pequeñas dimensiones y temática ligera) con figuras dieciochescas, así como   el  retrato y la pintura de escenas urbanas, populares o elegantes. Entre estas, García Guatas destaca El dios de las aguas en Zaragoza (1890), lienzo con la escena de tipos de las clases zaragozanas en torno a la fuente de Neptuno, que adquirió el Ayuntamiento de Barcelona. En Aragón se conservan, además de las obras citadas anteriormente, numerosos  retratos: de académicos (expuestos en la galería de la Academia de San Luis), así como el de don Ramón Pignatelli ubicado en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza; el de Jorge Jordana, pintado por encargo de la Asociación de Labradores; el de Santiago Dulong, alcalde de Zaragoza durante la Primera República, o el retrato de Joaquín Costa del Ayuntamiento de Monzón.

Con un estilo que se mueve entre el preciosismo de su maestro Palmaroli y “el de las elegantes y luminosas escenas urbanas parisinas y figuras femeninas de su coetáneo el valenciano Francisco Miralles” —según García Guatas—, el cosmopolita Joaquín Pallarés es autor de una obra pictórica muy apreciada en su época, si bien algo desigual por su adaptación a la demanda del mercado, que cuenta, no obstante, con lienzos de calidad contrastada.

BIBLIOGRAFÍA:

-ARCHIVO DEL IES GOYA DE ZARAGOZA: Expediente de D. Eusebio Joaquín Pallarés y Allustante, natural de Zaragoza, para su admisión a los ejercicios de grado de Bachiller.

-CASTÁN PALOMAR, Fernando: Aragoneses contemporáneos: 1900-1934. Diccionario biográfico, Ediciones Herrein, 1934, págs. 407-408.

-GARCÍA GUATAS, Manuel: Pintura y arte aragonés (1885-1951), Librería General, 1976.

-GARCÍA GUATAS, Manuel: “Telones y teloneros”, Artigrama, nº 10, 1993, págs. 455-480. https://garciaguatas.es/wp-content/uploads/2021/03/Art1993TelonesArtigrama.pdf.  [Consulta: 15 de septiembre de 2025].

-GARCÍA GUATAS, Manuel: “Oficios del pintor en el siglo XIX”, Actas del curso ARTE DEL SIGLO XIX, Institución Fernando el Católico, 2013, págs. 313-359. En https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/33/42/08garciaguatas.pdf. [Consulta: 12 de septiembre de 2025].

-JUBERÍAS GRACIA, Guillermo: “Pintores aragoneses en la capital mundial del comercio artístico (1870-1918): Cuadros de género al gusto del mercado parisino”, Revista de la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte, Nº 43, junio 2018. En: https://aacadigital.com/contenido.php?idarticulo=1426. [Consulta: 5 de septiembre de 2025].

-JUBERÍAS GRACIA, Guillermo: Entre la bohemia y el salón. París y la pintura de género aragonesa, 1870-194,  Cuadernos de Cultura Aragonesa, 69, Rolde de Estudios Aragoneses, 2020.

-JUBERÍAS GRACIA, Guillermo: “La evocación nostálgica del Barroco y del Rococó en la pintura de género de la segunda mitad del siglo XIX: el caso de los artistas aragoneses en París”.  Atrio. Revista de Historia del Arte, nº 27 (2021), págs. 180-203. En: https://doi.org/10.46661/atrio.5485. [Consulta: 12 de septiembre de 2025].